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UNA OREJONA Y DOS EQUIPOS PARALIZAN EL MUNDO POR UNA FINAL.


Este sábado se juega la final de la Champions League, y para Colombia se trata de un partido aparte. La razón tiene nombres propios: Juan Guillermo Cuadrado en el Juventus y James Rodríguez en el Real Madrid. El primero, feliz y fortalecido porque hace una semana Juventus adquirió sus derechos deportivos, lo que por ahora le augura un promisorio futuro. El segundo en la incertidumbre, con sobrado talento y disposición, pero excluido de la titularidad y, según los rumores, con un pie afuera del Real Madrid. De una manera u otra, Colombia tendrá un representante en el equipo que se lleve los honores como el mejor club de Europa.

El entorno en Cardiff es de contrastes. En lo deportivo, el encuentro es todo un acontecimiento. Pocas veces o quizá ninguna, se habían visto tantos visitantes. Es la capital de Gales y en su estadio nacional Millenium, donde se darán cita las 22 estrellas del fútbol de lujo, se calcula que 74.000 mil personas verán el partido. Sin embargo, para las autoridades civiles y militares el reto es mayor, porque luego del atentado de hace dos semanas en Mánchester, a tan sólo a 305 km de Cardiff, se ha generado un fuerte despliegue de seguridad.

Ni en la reunión de la OTAN del año pasado se ha visto tamaño despliegue, como lo han reportado las autoridades locales a la prensa internacional. Y es que desde que sucedió lo de Manchester, el operativo policial de seguridad se amplió. Son cerca de 15.000 hombres los que están cuidando la capital galesa para que no pase nada. Anillos de seguridad, patrullas, policías y minuciosas requisas.

En lo deportivo, lo previsible es que ni Cuadrado ni James aparezcan como inicialistas. Pese a ello, los pocos colombianos que por aquí llegamos no perdemos la esperanza de ver a Cuadrado titular o a James durante minutos en la cancha.

Pero mientras esta realidad de los baluartes colombianos se ratifica en las alineaciones de Zinedine Zidane y Massimiliano Allegri, hay detalles anunciados. Los ojos de más de 400 millones de personas que verán el partido por televisión estarán atentos a los de siempre: de un lado Cristiano Ronaldo y su probada efectividad frente al arco rival, y del otro, el veterano de 39 años, Gianluigi Buffon, símbolo del equipo y pieza clave del cerrojo de la Vecchia Signora.

Pero también habrá que estar atentos a lo que hagan Higuain o Mandzukic, el talentoso Dybala o los volantes merengues Tony Kross y Luka Modric.

Zinedine Zidane se puede convertir en el décimo técnico en la historia de la Champions en quedarse con “La Orejona” por dos años consecutivos.

Allegri, aparentemente, pondrá a Paulo Dybala a serpentear por el centro del campo para sacar de casillas a Casemiro, el hombre de marca del Real Madrid, quien siempre juega al borde de las tarjetas.

Es la lucha entre un ofensivo Madrid y un defensivo Juventus.

No obstante, mientras se dilucida la encrucijada de tácticas y estrategias, los aficionados, la fiesta y la incertidumbre por la seguridad parecen quedarse atrás frente a los detalles que enmarcan tan encumbrada final de fútbol. En Cardiff, por encima de todos, está el culto al nacido en esta ciudad, Gareth Bale.

En esta capital de 350.000 habitantes, repartidos en un territorio de 140 kilómetros cuadrados, protegida por los romanos durante la ocupación de las Islas Británicas, devastada durante dos guerras mundiales, recuperada por una oportuna y reciente reconversión industrial, el delantero del Real Madrid tiene gran parte de sus fieles seguidores.

En la tierra donde la verdadera pasión es el rugby, a Bale se le consigue en esculturas, hay platos y recetas con su nombre, hamburguesas, cervezas, gigantes fotografías, posters, murales, réplicas de copas, corte de cabello o camisetas con su apellido que niños y jóvenes lucen con orgullo. La previa del partido la hacen la legión de italianos y españoles que desde hace días inundan las calles de Cardiff y hacen la fiesta. Claro está, no falta el grupo de costarricenses, por el portero del Madrid Keylor Navas y los colombianos y argentinos. Lo evidente es que en las afueras del estadio nacional Millenium muchos de ellos se toman fotos con una réplica gigante del trofeo que la organización del evento convirtió en el símbolo para nativos, aficionados y los turistas que están aquí.

¿Y la reventa? Aquí tampoco es la excepción, con cifras que a cualquiera lo ponen a dudar. La organización tenía unos precios iniciales por localidades entre 69 y 499 euros, pero el valor ha aumentado incluso hasta los 31.000 euros (casi cien millones de pesos colombianos).

El equipo que se lleve el título se embolsillará nada menos que 80 millones de euros.

Y de ese dinero, jueguen o no, Juan Guillermo Cuadrado o James Rodríguez, recibirán una parte. Si no participan en el encuentro, que sería el premio máximo, por lo menos verán fortalecidas sus finanzas y nuevamente seguirán escribiendo una nueva y meritoria página de Colombia en la élite del fútbol internacional.

Fuente: El espectador.com

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