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El futuro incierto de la agenda legislativa 2021-2022


En la antesala de las próximas elecciones y en medio de una crisis sin precedentes, los congresistas hacen cuentas para reelegirse e impulsar a sus alfiles. ¿Dónde queda la agenda legislativa? Análisis de Razón Pública.


El último año

Este 20 de julio comenzó el último periodo legislativo del Congreso, en medio de un ambiente enrarecido por el paro nacional y el contexto preelectoral.


Durante el último año del gobierno Duque, la actividad legislativa será claramente más reducida. En general, los congresistas concentrarán sus esfuerzos en las campañas de reelección o en las de sus alfiles.

Para un gobierno que ha estado en constante aprietos para tramitar su agenda, este contexto hará todavía más difícil su aspiración de aprobar proyectos cruciales, como la reforma tributaria.

Muchas leyes pero poca presencia

Según el expresidente del Senado, Arturo Char, en el pasado período legislativo se aprobaron más de cien leyes. Algunas de estas iniciativas fueron ampliamente comentadas por los medios de comunicación, como la ley que reglamentó la cadena perpetua para violadores y abusadores de niños, la “ley de comida chatarra”, o la de transición energética.

Al instalar la nueva legislatura, tanto el presidente como los congresistas resaltaron estos éxitos como un modo de minimizar la grave crisis política que vivió el país entre abril y junio.

Pero un gran número de leyes aprobadas no necesariamente significa eficiencia, pues este indicador más bien responde a la idiosincrasia del sistema político que al buen o mal funcionamiento de sus instituciones. En las democracias presidencialistas tienden a aprobarse muchos más proyectos que en las parlamentarias. E incluso entre los sistemas parlamentarios, los países del norte de Europa suelen aprobar menos leyes que los del Mediterráneo.

Vale la pena resaltar que el Congreso no se limita a producir las leyes. Idealmente, allí están representados los distintos sectores de la sociedad y sus múltiples intereses, de modo que el Congreso debería ser un canalizador de las discusiones nacionales y un lugar fértil para buscar soluciones a las crisis.


Desde este punto de vista, el Congreso fue uno de los grandes ausentes a la hora de ofrecer respuestas a los reclamos del paro nacional. En buena medida, esta ausencia es reflejo y al mismo tiempo es causa del bajísimo nivel de aprobación de los partidos políticos y su incapacidad de tramitar los conflictos sociales. Durante el paro, el Congreso quedó reducido a un “espectador de lujo” en la disputa entre el gobierno y los manifestantes.

Además, aunque se aprobaron algunos proyectos impulsados por el gobierno, se hundió una de sus grandes apuestas: la reforma tributaria que había presentado el ministro Carrasquilla. La cantidad de proyectos aprobados no compensa este fracaso. Por la presión de la opinión pública, hasta los líderes de los partidos de la coalición de gobierno rechazaron la reforma. Y la presentación del proyecto desencadenó uno de los episodios más notables de protesta social en Colombia.


Tomado: El Espectador.com

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